Observo con cierto asombro como las empresas de gaseosas y aguas embotelladas, que durante años fueron foco de críticas por la proliferación que promueven de envases descartables -uno de los símbolos más perversos de la sociedad de consumo- han iniciado desde hace un tiempo un prolijo lavado de imagen y se han convertido en activas protagonistas de campañas solidarias y ambientales. Tal es el caso de Coca-Cola, Villavicencio, entre otras como la
Cuando puse la entrada “Pesimismo climático” se que sonó así, illness pesimista. La verdad no sé cómo debería llamarlo. No se cómo evitar ese término. Por supuesto no hablo de un pesimismo que se materialice necesariamente en pasividad o cinismo. Hablo de un realismo sombrío, tal como están las cosas. Ese mal pronóstico indica que el margen de maniobra se reduce dramáticamente. Por supuesto siempre es posible hacer algo, siempre. Lo que sucede
La frase la escuché por el barrio esta semana. Un pibe se filmaba, bicicleta en mano, con un anciano que, por su aspecto, en el mejor de los casos, era un jubilado paupérrimo. “Este es mi amigo Jorge!, !Aguante que ya viene el futuro!”. Me quedó dando vueltas por varios días, hasta hoy mismo. Futuro es una palabra bárbara. Suena bien y su significado es una incógnita. Uno completa su significado agregándole adjetivos y otros conceptos para que hagan posible entender a
¡Vienen por el agua! ¡Vienen por el agua! La cantinela es ya conocida y se ramifica en cientos de versiones, variaciones y re-encarnaciones. La idea del despojo abreva en la tradición del “nacionalismo victimista”, ese modo de estar en el mundo donde se supone que somos un pueblo con destino de grandeza en una tierra privilegiada, pero,… allí afuera hay sórdidos intereses que trabajan noche y día diseñando nuevos y viejos modos para despojarnos de nuestras riquezas y no



