Antes que nada debo confesar que no cumplí mi promesa de votar en blanco. Finalmente no fui a votar. Aún sabiendo que la sutil diferencia entre ambas acciones es importante, sucumbí al sopor y el desánimo que me provocaron estas semanas de campaña. Se hacían las 18 y no podía arrancar, jamás semejante desapego. Me animaría a decir que soy un enamorado de la política, pero ayer domingo, era un cínico que no encontraba el modo de
Llegamos al final de una de las peores campañas políticas de las que tengo memoria. Una de las razones de este estropicio electoral ha sido generado por el Gobierno Nacional al colocarlas como la madre de todas las elecciones, for sale el archiconocido truco de “yo o el caos”, claro que esta vez en tono “K”, que hace a todo más dramático aún. También modificando calendarios electorales previamente pactados y demás picardías, como las candidaturas ficticias.

