En una nota que titulé “La primera y la próxima estación” (septiembre 2008) escribí: “…me saca de las casillas cuando veo a Kirchner (como han hecho tantos) hacer inauguraciones de ramales que se caen a pedazos, apenas pintan por encima del óxido y la precariedad a una locomotora, le ponen las banderas y la marcha, y ya está el acto para la gilada. Con eso, lamentablemente no funcionan los trenes. A la semana, por supuesto, sale en los diarios que ese
En la última semana dos episodios independientes entre sí me refieren a uno de los tópicos que me obsesiona desde siempre: los trenes. Por las razones que fueran, mi relación con los trenes viene desde muy chico, primero por la extraordinaria fascinación que me producían esas máquinas increíbles, luego por esa cosa mística inigualable que tienen los trenes y que ha generado inspiración a tantos, luego, porque la racionalidad así lo indica, es el medio



