Ya comenté que Acuarela fue mi segundo proyecto importante en la vida. En esa nota puse algunas fotos que muestran a parte de la gente que nos rodeaba cuando el primer número salió de las cuevas en marzo de 1981. Llegamos a ese marzo luego de mucho deambular por imprentas, máquinas de escribir, muchas charlas, interminables conversaciones sobre el mundo y lo que pasaba por nuestras cabezas. Mate, café, vino (malo), discos, libros y revistas eran la dieta que nos alimentaba, no había mucho más.
Básicamente, con Benito nos acompañábamos en nuestros mejores delirios, en nuerstra pesadumbre por el desastre que nos rodeaba. Benito pintaba (cuadros) y para mí era un ser superior, además gran jugador de fútbol de potrero, hincha de Central Córdoba y, además, comprábamos el Expreso Imaginario a medias (así era nuestra economía!).
Pasamos ese verano 80/81 en mi casa y la suya, cubiertos por decenas y decenas de revisas “subtes” que se publicaban en todo el país y se conseguían a la salida de recitales, e
ncuentros o por correo, leyendo en el correo de lectores del Expreso u otras revistas. Ese verano fue el parto de Acuarela.
En 1980 asume Ronald Reagan y Estados Unidos endurece su mano siempre presente por estas latitudes y el resto del mundo. En Argentina el dictador de turno era Videla, un asesino mayúsculo. Después de ese verano le seguiría Viola, un pobre tipo, pero un asesino también. Así las cosas, ese año acuño la frase (que repetiré luego en otros veranos) “enero de 1980… el año ya está perdido!”.
Así las cosas, las ganas por salir con la revista y contra todos los males del mundo eran inmensas; así juntamos la gente y comienza a armarse el primer número. Todo bien con la idea, aunque había un problema, eran más las cosas de las que queríamos hablar de las que realmente éramos capaces de escribir; pero no importaba, había que hacerlo.

En los albores de la revista me recuerdo realizando un pecado de juventud, que me muestra que la cultura violenta nos envolvía en esa cloaca que era la Argentina entonces; el 17 de septiembre de 1980 brindé en una cena porque lo habían hecho volar por el aire a Somoza, en Asunción Paraguay. Nunca antes ni tampoco después, festejé un acto de violencia, pero ese día estaba medio vengativo.
Pocos días después, sorpresa, por primera vez escuchamos el nombre de Pérez Esquível, Premio Nóbel de la Paz y argentino!. Lo poco que salía en los diarios me hizo pensar que tal cosa no podía estar ausente en el primer número de Acuarela. Un par de meses después, con la revista casi por entrar en imprenta, ejecuté un acto de censura, decidimos sacar ese artículo. Para una revista sin padrinazgo alguno y a la intemperie, podía haber sido un suicidio. Nunca lo sabremos. Todavía cargo con la culpa de ese artículo de Antonio Sánchez, a quien se lo encargué y a quien, un par de meses después, le tuve que decir que no lo sacábamos, la verdad es que veía un riesgo grande.
Ese verano, ya en diciembre de 1980, me despierta mi vieja, luego de alguna noche seguramente larga, para decirme que habían matado a Lennon. Sólo ella era capaz de saber lo que Lennon había sido para mí. Caramba, ya estaba totalmente claro que “the dream is over”. Todo el día nos llevó para saber exactamente qué había pasado y seguimos a la noche con la revista.
La Facultad? Bien, allá en calle Pellegrini, yo estaba demasiado ocupado. La facultad ya sólo me servía para reclutar gente y hacer contactos. Ese verano, ya con la revista terminada y en imprenta, me enfermé, no sé de qué cosa, algo en los pulmones. Recuerdo que hecho pelota y todo, me fui a la vereda del Estadio de Central para escuchar a Queen desde la calle y entrar cuando abrieran la puerta. Todo me daba vergüenza. Queen no me apasionaba pero quería saber cómo sonaba una cosa así. La llegada de Queen nos ponía en crisis a muchos que no podíamos ver que Rafaela Carrá y Queen ocupasen los mismos espacios en el “circo” mediático que la dictadura promovía.
Bien, en ese contexto sale el número 1. Luego va el contenido.
Cali





Festejar el fusilamiento de ese hijo de puta, no fue un acto de venganza, sino de Justicia
Abrazo
“Queen no me gustaba, pero quería saber cómo sonaba una cosa así.” Mirá que venías bien con la nota. Yo sabía que a ese recital no habías entrado desde el comienzo porque estabas enojado con los tipos porque habían sido invitados por Viola que además de asesino era medio cholulo. Hoy por hoy como acto de rebeldía el entrar más tarde suena medio naif pero la verdad que no te envidio nada el haber vivido tu juventud en esa época.
Respecto al acto de censura la verdad que había que estar medio loco para intentar hacer una nota de Perez Esquivel en esa época. Pero ya que estamos, a vos que te gusta guardar papel, ¿no tenés en algún lado una copia de la misma para publicar en el blog a modo de desagravio? Sería muy interesante leerla ahora que pasó tanto tiempo.
Por último no podía dejar de mencionar el día de la muerte de Lennon. Recuerdo que estabamos en Uruguay de viaje y mi viejo al que le interesaba tres carajos le dió la noticia a mi vieja. Nunca me olvidé del bajón que le dió a mi vieja. Yo en esa época todavía no sabía quien era Lennon. Tenía solo 4 años y la primera vez que supe algo de él fue que lo habían matado. Los años me llevarían a ser un gran admirador.
A mi si me gusta Queen, y Lennon por supuesto, aunque mucho más me gusta Harrison.
No puedo evitar leer tu nota y retrotraerme en el tiempo, a ese tiempo: el de una infancia marcada por el desarraigo. Tenés razón (otra vez) Cali, tu blog tiene un “qué se yo” melancólico que además, es contagioso.